Eduardo Momeñe, el arte del retrato

En el  retrato  renacentista, en sus espacios, tanto en Italia como en Flandes,  está toda la información que un fotógrafo podría desear.

En 1982 realizas este retrato que fue portada en “La Luna”. Treinta años después vuelves a fotografiarla, como también hiciste con Isabel Muñoz o Win Mertens. ¿Por qué retratar el paso del tiempo?

No me lo planteo en esos términos; no hay una intención de carácter existencial en ello. Es simplemente un juego, una “actuación”. Me interesa el texto que plantean las imágenes como consecuencia de ser obtenidas en el mismo metro cuadrado, las mismas personas, y al cabo de tanto tiempo. Quizás las personas sean las mismas… o no, pero lo que es claro es que el espacio no lo es. No parece posible experimentar el mismo espacio en tiempos diferentes. A nivel personal es gratificante el reencuentro.

Me sorprende y gusta la composición. La contrabajista escribe, no mira a cámara y el instrumento musical descansa en el suelo. ¿Siempre el retrato en blanco y negro?

Me siguen gustando mucho las fotografías  en blanco y negro. Por supuesto también me gusta la buena fotografía en color, pero como fotógrafo siempre me he sentido bien con el blanco y negro, lo conozco un poco, y continuo con él.  Me gustan sus texturas. No hay mucho más.

Me gusta la puesta en escena. No trato de fotografiar caracteres, ni biografías, ni actitudes, incluso cuando fotografío rostros. Me interesa ante todo el lenguaje corporal en un espacio “fabricado”, el que fabrica el visor de la cámara. Primero decido el espacio y después establezco la expresión  del cuerpo, y lo interrelaciono con el espacio. Es la manera en la que trabajo, tanto en estudio como en exteriores. Simplemente hago fotografías en las que hay  “personas”. Me atrae  “lo escrito” que rodea a una fotografía, textos, títulos, subtítulos, comentarios… son elementos que amplían o modifican el significado de una imagen. Hasta donde es posible, intento que las cosas  estén bajo control.

En el difícil arte del retrato ¿Quiénes han sido y son tus maestros o referencias?

Mis referencias son quizás tan o más pictóricas y literarias que fotográficas.  En el  retrato  renacentista, en sus espacios, tanto en Italia como en Flandes,  está toda la información que un fotógrafo podría desear. Es un lujo para un fotógrafo tener esa historia de la pintura ahí. Eso lo entendieron bien los grandes retratos y paisajes fotográficos del s.XIX, en mi opinión muchos nunca superados. Es una fotografía realmente mágica.

Sin duda,  hay fotógrafos que me interesan mucho. Entre los que siento como irrenunciables están August Sander, en retrato, Eugene Atget en paisaje y mi ídolo de juventud, Guy Bourdin.  También me influyeron  mucho cuando empezaba  Duane Michals, Les Krims o Kenneth Josephson, fotógrafos con una fuerte carga conceptual y que en cierto modo “reinventaron” la fotografía.

Me motivan  las instantáneas antiguas, familiares, de recuerdo, sin autoría, sin consciencia fotográfica, sin pretensiones artísticas, productos del azar, pero muchas con una magia y una fuerza que a mí personalmente me reconcilian con la fotografía cuando pierdo la fe.

La literatura me aporta miles de imágenes extraordinarias que, al no poder verlas, me permiten ir creando pequeños mundos. La música y el cine siempre están ahí aportando cosas.

Elegiste esta foto para participar en el libro de Rosa Isabel Vázquez y José Antonio Fernández, “Foto a Foto 04”. Y dices que “la fotografía es un medio ideal para poner palabras sobre lo ya visto”. ¿Podrías ampliar esta idea?

Probablemente las palabras se inventaron  para descifrar las imágenes, para significarlas. Mis fotografías son literarias en cuanto que recurren a la cita, al comentario, a la referencia, gestos muy concretos,  están constantemente en ellas. Es por ello que no entiendo la fotografía tan solo como “bellas imágenes”, sino como un comentario sobre la realidad, sobre el mundo… sobre la fotografía. Palabras bien dichas sobre imágenes que se merezcan ser pensadas, ese es el ideal, ver y comprender. Lo ya visto tiene que ser dicho.

“Las huellas del Vesubio”. Vídeo. Enlace

*¿Cuál es punto de confluencia y el de diferenciación entre este vídeo y la fotografía?

Asunto apasionante hoy en día en el que con la misma herramienta (cámara) se pueden practicar ambos lenguajes y con la misma herramienta (ordenador) se puede tener un laboratorio fotográfico y una sala de montaje. Es un hecho nuevo.

Es un tema que me interesa especialmente, para mí es difícil de hablarlo en dos líneas, y de hecho trabajo en un posible libro sobre ello.  Dos lenguajes incompatibles, intraducibles entre ellos, y sin embargo condenados a relacionarse.

En el caso concreto del vídeo   “Las huellas del Vesubio”  y la fotografía “que se le parece”, hay una relación anecdótica, quizás dialéctica,  pero “no se pueden tocar”. También es una invitación a una cierta reflexión sobre la realidad, la naturaleza de las imágenes. Es más fácil decir que preferimos  Lolita, la novela de Nabokov que la película hecha por  Kubrick, pero no es tan sencillo decir que preferimos la novena de Beethoven a Las Meninas de Velázquez, y sin embargo las comparaciones son de la misma naturaleza en lo que a diferentes lenguajes se refiere.

Eduardo Momeñe. www.eduardomomene.com

Fotógrafo y autor de artículos  y ensayos sobre estética fotográfica. La enseñanza  de la fotografía ha ocupado un lugar destacado en  su trayectoria profesional. Ha impartido numerosos cursos, talleres y seminarios y entre sus alumnos se  encuentran fotógrafos de reconocido prestigio. Es autor de los libros 11 Fotógrafos Españoles  y La Visión Fotográfica.  Ha realizado proyectos como la serie  de televisión La Puerta Abierta o la revista Fotografías,  ambas consideradas como obras de referencia.

Sus fotografías forman parte de colecciones públicas y  privadas y ha realizado exposiciones en diferentes  países. En su trabajo, continua dando prioridad a la realización de sus fotografías y vídeos. Revistas como Vogue, Marie Claire, AD, Elle, o Style han publicado sus imágenes.

Actualmente es colaborador habitual de la revista FronteraD y coordinador del  máster  Documentalismo y Narración Fotográfica en la escuela de fotografía EFTI.   Ultima la edición de un nuevo libro.

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