Victoria Iglesias o el arte del retrato

La luz en la fotografía es el pincel en la pintura

¿Qué hace diferente un retrato? ¿Qué caminos te llevaron al mundo de la fotografía?
Son pequeños detalles lo que hace un retrato especial. Quizás en muchas ocasiones es algo muy sutil, pero esos detalles a veces condensan grandes momentos, siempre irrepetibles. Como la mayoría de mis retratos están hechos fuera de un estudio la situación nunca está controlada de antemano, ni la luz, ni lo que los rodea y quizás por ello tienen más dificultad a la hora de ejecutarse, pero los que salen bien, tienen más vida. Al hablar de fotografía, hablamos de luz, un gesto, una mirada, algo tan comentado siempre en un retrato no sirve para nada sin una buena luz que los recoja. Pero eso no significa que esa “buena luz” sea homogénea, difusa y perfecta sino que perfile, dibuje, centre, haga desaparecer algo o lo resalte. La luz en la fotografía es el pincel en la pintura.

Estudié periodismo aunque no recuerdo sentir una especial vocación para ello. En realidad siempre dije que iba a ser veterinaria, pero sin saber muy bien por qué empecé una carrera de letras. Tampoco nunca imaginé que iba a ser fotógrafa, pero el destino me eligió y la vocación me atrapó. De casualidad comencé a trabajar en una revista muy fotográfica. Aparecí en ella intentando vender una entrevista de Tamariz (el mago), que había hecho a raíz de un curso de radio que nunca terminé, que a su vez estaba haciendo pensando en Iñaki Gabilondo, que un día me dijo que quizás podía darme un trabajo mientras le hacía una entrevista para la facultad… (¿Me siguen?) Allí en esa revista tropecé con un señor que acababa de volver de una guerra (Fernando Mújica) y que empezando una nueva vida como subdirector estaba sintiéndose bastante aburrido creo, porque se tomó el tiempo de recibirme y leerla…La entrevista no valía mucho, y encima sin fotos, pero unos meses después empecé a trabajar en la revista, en la sección de fotografía, mientras seguía estudiando tercero de periodismo.  Allí comenzó todo y hacer fotos me pareció el trabajo más mágico que alguien podía tener, y desde entonces me apasiona hacerlas

En tu CV, además de definirte como fotógrafa freelance desde 1993, citas reportajes sociales y entre otros con los refugiados zapatistas. ¿Se trata de un reportaje encargado o iniciativa propia? Y nos gustaría conocer la intrahistoria de esta foto y las sensaciones que te dejó aquel viaje.

Fue en 1998, en un momento muy difícil en Chiapas, con lo que se llamó la guerra de baja intensidad después de la matanza de Acteal.

Había muchos desplazamientos de indígenas y refugiados zapatistas acosados y asesinados por grupos paramilitares, y con la complicidad y ayuda del PRI, el partido en el gobierno. Cualquier injerencia externa era mal recibida. Era los años del Subcomandante Marcos y el EZLN (ejército zapatista de liberación nacional).

En una semana se presentó la oportunidad y decidí ir por mi cuenta. Conseguí un visado como observadora civil internacional y me uní en Chiapas con el resto del grupo que formaba la expedición. Tenía la complicidad de una amiga que iba a hacer un reportaje para una revista, pero sin fotos, por eso sabía que parte de mi trabajo lo publicaría a la vuelta en su revista. Viajé sola pero enseguida coincidí en Nueva York (una de las escalas) con Javier Corcuera ( La espalda del mundo…etc.) y su compañero ( por entonces no eran conocidos) que viajaban también hasta San Cristóbal de Las Casas (Chiapas) y me uní a ellos. De esa manera el viaje de ida resultó más fácil.

Esta mujer es muy especial para mí y es de las pocas fotografías que tengo visible en mi casa. Es una indígena Chol de una comunidad de refugiados zapatistas, Misopa Chinal, que estaba al norte de Chiapas donde pasamos la noche. Recuerdo la miseria en la que vivían, la precariedad de las chozas, los llantos de hambre de los niños en la oscuridad. A pesar de sentirse observados y a pesar de sus condiciones de vida, siempre me sorprende su serenidad. Esta mujer tenía esa forma de atenderte, una mirada limpia donde todavía se puede ver algo del alma, y sí, a pesar del sufrimiento que podía llevar dentro. El viaje fue intenso y de emociones fuertes. El momento más doloroso fue cuando asesinaron a uno de los indígenas zapatistas con los que nos habíamos reunido el día anterior en una de las comunidades. Sufrieron una emboscada en el camino de vuelta a su casa. Su padre y un amigo resultaron heridos, pero el murió. Chiapas estaba cercado por los paramilitares y el ejército. Los caminos no eran seguros y ellos estaban vigilados.

Otro de tus destinos fotográficos ha sido Libia. ¿Cómo preparas un viaje fotográfico antes de salir? ¿Quiénes han sido o siguen siendo tu referencia en el campo de fotoperiodismo?

Depende del tipo de viaje, si está encargado por un medio de comunicación, estás invitado o si lo realizas por tu cuenta. Y claro depende de la duración del mismo. En mi caso en los primeros años de mi experiencia profesional trabajaba para una revista, así que todos los gastos y desplazamientos estaban pagados. Mi mayor preocupación, a parte de la responsabilidad de volver con un buen trabajo, era entonces ver el número de carretes que podía necesitar, el equipo que según las condiciones del viaje iba a poder soportar en mi espalda. Como muchas veces el objetivo era hacer un reportaje a un personaje, como en el caso de Camarón en Rochester ya en la clínica Mayo, también había que pesar en un equipo de iluminación trasportable, en los trípodes… (siempre odiosos para mí por el peso). En otras ocasiones cuando te invitan a un viaje para promocionar un país, por ejemplo, es también muy interesante, pero desde luego más relajado. El viaje a Libia fue una invitación del gobierno libio a varios medios de comunicación en un intento de abrir sus puertas tímidamente al turismo. Fue surrealista pero muy especial, porque había pocas oportunidades para asistir a lo que era el régimen por dentro, aunque fuera de refilón.

Cuando es por tu cuenta la cosa es distinta. No sólo por lo que suponían un gasto de carretes y revelados ( como ocurría no hace mucho), sino por intentar buscar alojamientos y trabajos paralelos al objetivo del viaje y poder aprovecharlo al máximo. Cuando fui a Colombia a hacer fotos del científico Patarroyo, de paso hice un reportaje sobre la ruta cafetera…etc. Lo que surge suele ser improvisado, duermes donde puedes y adaptas tu ruta a las necesidades del reportaje. Hoy es distinto, a través de internet consigues más fácilmente toda la información que necesitas antes de viajar, incluso el tiempo que va a hacer. Las cámaras digitales también facilitan el trabajo, incluso editándolo ya al mismo tiempo de hacerlo. Las tarjetas cada vez tienen más memoria. Recuerdo la angustia que suponía estar perdida en un pueblo del Amazonas, y ya con sólo un Fuji Velvia en el bolsillo…

No tengo muchos ídolos en general. Pero me gustaría recordar mujeres fotógrafas que han sido muy importantes en la historia de la fotografía y que se han quedado ahí, siempre  detrás de ellos y en muchos casos olvidadas. Todo el mundo sabe de Richard Avedon o Irving Penn, pero antes Louise Dahl-Wolfe fue una pionera en retratar a sus modelos al aire libre buscando localizaciones en otros países, y siempre experta en el manejo de la luz, influyendo después en Avedon o Penn. O mujeres como la mexicana Sara Castrejón, la fotógrafa de la revolución mexicana, o la reportera Dorothea Lange…etc. Y como no recordar a Gerda Taro cuando sólo y siempre se habla de Capa…

¿Cómo se gestó el retrato de Torrente Ballester?

De repente era fotógrafa en 1991, y parece ser que tenía algo que me dejaba serlo, una especie de don, sin que pueda parecer pretenciosa. Torrente es uno de esos retratos que formaba parte de una serie. Me empezaron a encargar series de pintores, directores de cine, escultores…etc., y escritores. Curiosamente no tenían ninguna preparación previa, salvo lo que yo me pudiera imaginar el día anterior. Una vez pasé toda una noche sin dormir escribiendo fórmulas matemáticas y logaritmos, en unos inmensos rollos de papel y en una bata blanca, con la idea de  colocárselo luego, y sin previo aviso, al director de la academia de las ciencia exactas. El pobre cuando me vio entrar en su despacho con tanto peso creo no se atrevió a decirme que no. Para los escritores había pensado que en todas las fotos en una esquina, apareciera un folio en blanco con su firma y una pluma. Afortunadamente en la foto de Torrente, la mejor de la serie, ese detalle apenas se distingue. El despacho perdido al final de un largo pasillo, en su casa de Salamanca, era perfecto. Sé que es una buena foto porque a pesar de que pasan los años me sigue gustando. Está improvisada, como casi todas las que hago, teníamos apenas una hora para las fotos y la entrevista y por delante el reto del que el personaje te dejara ver algo de su casa y quisiera sentarse donde tú le sugerías. Había y hay siempre una opción fácil, coger la cámara con el flash incorporado sin pensárselo mucho y disparar, quizás así consigues muchas fotos, pero al final ninguna que te entusiasme. La foto de Torrente Ballester, sin embargo, está hecha con la iluminación de varios flexos que fui pescando por la casa y apoyada en un trípode muy lentamente disparé.  Al final no había muchas  fotos donde elegir, pero había una muy buena. Yo creo que esa es la fórmula, aunque te la juegues.

Has elegido esta foto para hablar de un reportaje sobre la lepra en Bombay. ¿Te pudo el desánimo en algún momento realizando este trabajo? ¿Cabe en una cámara los contrastes de la India?

Nunca una cámara puede atrapar la realidad, porque esta tiene también tiene voz, olor, frio, calor…Sólo te puede ayudar a hacer un collage, a atrapar trozos de ella, y en mi caso, a vivir momentos con más intensidad.

Todo el que pise o haya pisado la India sabe de lo que estoy hablando. En el caso de la lepra, nosotros tuvimos que visitar, además de los hospitales, las zonas todavía más deprimidas de la ciudad. No te puede el desánimo porque es siempre gente con mucha luz y que no se muestra desanimada, aún cuando tienen que aguantar una enfermedad que con una simple medicación pudieran haber evitado.

El desasosiego me lo sigue produciendo el hecho de ser un mero espectador con mi cámara que siempre está de paso. Es un sentimiento con el que no logro ponerme de acuerdo. Espero que de verdad la justificación de que las fotografías sirvan para remover conciencias sea cierta. Siempre he odiado la sensación de ver muchos fotógrafos alrededor de una miseria.

http://victoriaiglesiasfotos.blogspot.com.es/

 

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Comentarios

  1. J.E. dice:

    Enhorabuena por el retrato e historia gráfica de Torrente Ballester de quien soy un lector y admirador.

  2. Un buen trabajo y una historia muy guapa

  3. jose dice:

    grandes fotografias. cada una depositarias de una vivencia, detenida en tus instantaneas.
    te seguire conociendo, aunque la vida nos tenga en la ignorancia del uno con el otro.
    un abrazo

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