Octava edición de Sin miedo al flash

El libro de fotografía más vendido en 2015-2016

Sale la próxima semana la 8ª edición de “Sin Miedo al Flash”, ¿a qué crees que se debe este éxito tan prolongado?

Desde Noviembre de 2012, fecha en la que salió a la venta la primera edición del libro, han pasado algo más de cuatro años, tiempo razonable para ver el proyecto con perspectiva y sacar conclusiones. En ningún momento esperábamos el volumen de ventas que ha adquirido el título aunque, sí es cierto, que se trata de un libro de fondo que, por el tema que aborda, mantiene y mantendrá su utilidad a lo largo de los años, por lo que cada nueva generación de fotógrafos es público nuevo. La enorme cantidad de personas aficionadas o profesionales de la fotografía que cada día se van sumando y la extremada curiosidad técnica de los españoles, podrían ser dos razones fundamentales.

Por otro lado, en todos los proyectos que llevo a cabo, siempre cuento con la colaboración de mi pareja, Rosa Isabel Vázquez, que actúa como parte totalmente implicada, ayudándome en la redacción de los textos, en las sesiones (ella ha disparado muchas de las fotografías del libro) y actuando como parte crítica. El libro, al final, es un proyecto lleno de dedicación y análisis, con grandes dosis de trabajo en equipo, con un lenguaje sencillo y cercano, y, por mi condición de docente en una escuela, repleto de numerosas fuentes inspiradoras, es decir, experiencias con alumnos que me dieron y me siguen ofreciendo la pista acerca de cuáles son los principales problemas a la hora de utilizar el flash. Quizá no soy la persona más apropiada para decirlo pero creo que se trata de un trabajo muy bien hecho.

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El editor pensaba en una venta más moderada de este título, ¿es tan necesario el flash en fotografía?

Para tomar una imagen sólo se necesita una cámara y luz; el flash no siempre responde a una necesidad primordial. Simplemente es un accesorio que permite variaciones sobre la iluminación disponible y, por tanto, en los resultados. Dicho de otra manera, te permite ir más allá de la fotografía que obtendrías si sólo utilizases la luz que encuentras a tu paso; te ofrece un mayor número de opciones y resultados.

Por poner un ejemplo, una fotografía a una persona realizada con la luz del sol al atardecer ofrece una situación en la que podemos realizar versiones diferentes de composición y ángulos de toma. Sin embargo, a duras penas gozamos de margen de maniobra en todo lo relativo a la exposición de la fotográfica, podemos subexponer o sobreexponer dentro de unos límites que consideramos razonables pero si los sobrepasamos obtendremos una imagen oscura o clara. El flash, sin embargo, amplía el abanico de posibilidades permitiendo al fotógrafo cubrir esta situación desde diferentes puntos de vista en cuanto a exposición se refiere. El fotógrafo, ahora, puede sacar un retrato de una persona perfectamente iluminada (con el flash) y, al mismo tiempo, un cielo subexpuesto con los colores del atardecer más saturados.

Creo que la forma en la que ahora aprendemos fotografía; si lo comparamos con la ya lejana era analógica, es más eficiente. La cámara es inmediata y muestra los resultados automáticamente en la pantalla. Todo esto hace que el público evolucione más rápidamente. Antes, sólo los fotógrafos más avezados o concienzudos conseguían dominar el flash; ahora, la tecnología ha democratizado la técnica y muchas de las personas que antes se sentían totalmente incapaces, actualmente quieren aprender iluminación porque lo ven posible. Creo que por eso, entre otras razones, la venta de esta obra ha funcionado tan bien.

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¿Qué sesión os costó más realizar para este libro?

Ninguna de las sesiones realizadas fue compleja o complicada. En el libro se trataba de mostrar cómo, conociendo la herramienta, se puede resolver casi todo fácilmente. No suelo encontrar dificultades técnicas con la luz, precisamente porque las soluciones que planteo siempre son sencillas. Dentro de las páginas del libro, se puede leer entre líneas que los planteamientos de iluminación son simples, no es necesario llegar a esquemas complejos repletos de luces para hacer una buena iluminación, casi siempre realizo todas mis fotos con una o dos fuentes de luz y solamente, en contadas ocasiones, he utilizado un volumen de equipo complejo.

Sí es cierto que me he encontrado con dificultades difíciles de resolver en diversas ocasiones, pero siempre por motivos que nada tienen que ver con la técnica. Recuerdo, por ejemplo,  la sesión que aparece en el libro con los DJ Pico y Pala como un tanto compleja. Nos dejaron la sala Fotomatón para la sesión de fotos, lugar en el que solían pinchar de manera habitual, pero, a pesar de que no había público, empezaron a poner música a todo volumen y se olvidaron un poco de que estábamos haciéndoles fotos (se trataba de dos amigos que hacía algún tiempo que no se veían y estaban entusiasmados con su reencuentro). Cuando Rosa o yo nos dirigíamos para darles alguna indicación, nos costaba mucho que nos hicieran caso y, cuando ya lo hacían, no nos oían bien. Más que una situación problemática, fue surrealista, incluso cómica en algunos momentos.

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¿Cómo ha repercutido el libro en vuestra escuela que, por cierto, acabáis de ampliar?

Desde el año 2006 estoy implicado en proyectos formativos, primero en Aula Imagenat y ahora en la escuela La Máquina. Se puede decir que la docencia y el libro se alimentan mutuamente. Cuando escribimos Sin miedo al flash, llevábamos varios años impartiendo cursos de flash de mano. Siempre he dicho que, casi todos los contenidos del libro están basados en las inquietudes de los alumnos de estos cursos. Más tarde, las ventas ayudaron a dar a conocer a la escuela en mayor medida. Muchas de las nuevas generaciones de alumnos, vienen con el libro en la mano preguntando si el profesor que imparte el curso es el autor del libro.

La escuela La Máquina lleva programas relacionados con el flash de mano, sin embargo, hay cinco áreas de formación especializada, además de los cursos de temática más general. Nuestro equipo está formado por muchos profesores y una infraestructura en la que el flash de mano ocupa su lugar. Muchos de mis alumnos saltan a estas otras áreas que no están relacionadas directamente con la iluminación y, estudiantes de cursos que yo no imparto, acaban conociendo el libro o interesándose por el tema.

Como bien dices, acabamos de ampliar la escuela, nuestras instalaciones han crecido, por tercera vez y no es porque nos apasionen las reformas, te lo puedo asegurar. Ahora disponemos de un espacio más amplio –que esperamos ya sea el definitivo- en el que hemos ubicado el plató, que antes estaba en otro local, y hemos cambiado nuestra localización a una zona muy cercana a nuestra anterior sede, muy próximos al Auditorio Nacional (calle Sánchez Pacheco, 19). Desde aquí aprovecho para enviar una invitación a todo el mundo para que nos visiten y nos conozcan o para que se asomen a nuestra página web (la-maquina.com).

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¿Qué material recomendarías comprar a alguien acaba de adquirir el libro y quiere aprender a manejar el flash de mano, y cómo puede llegar a obtener fotografías interesantes?

Un buen comienzo es no dejarse llevar por las ganas de comprar accesorios y ampliar el equipo. Puede empezar sólo con la cámara y un flash de mano que, además, no tiene porqué ser el más caro del mercado. A medida que vaya leyendo, en un momento determinado, puede optar por separar el flash de la cámara y adquirir un pequeño pie de iluminación, una rótula para colocar el flash, unos disparadores de radiofrecuencia económicos y una sombrilla blanca difusora. Con este equipo puede llevar a cabo multitud de situaciones lumínicas interesantes y no se trata de una gran inversión económica.

Después es necesario salir y hacer fotos. Es fácil encontrar algún amigo o familiar que se preste para que uno pueda practicar, ellos suelen tener paciencia. El lector puede intentar reproducir situaciones similares a las planteadas en las sesiones del libro, muchas de ellas están hechas con un equipo sencillo. Por ejemplo, para la fotografía de la portada del libro sólo se empleó un flash con una pequeña ventana de 60 x 60 cm y un filtro de corrección de temperatura cálido.

Manejar correctamente un flash de mano no es algo complejo, todo el mundo puede aprender; solamente es necesario tener interés, entusiasmo y ganas de mejorar los resultados fotográficos.

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Muchas gracias José Antonio por habernos dedicado este tiempo

A vosotros por haber contado conmigo en esta entrevista. ¡Abrazo fuerte!

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